Maybe he’s a racist
La relación entre LeBron James y Donald Trump está lejos de ser cordial. Una guerra dialéctica que nació hace años, y que cada poco suma una nueva escaramuza
La pregunta aparentemente no tenía demasiado peligro. Peter Doocy, corresponsal de Fox News, aprovechó la noticia del fichaje de LeBron James por Philadelphia para plantear a Donald Trump una de esas discusiones que permiten llenar horas de televisión sin llegar a ninguna conclusión: Michael Jordan o LeBron, quién ha sido el mejor. Una pregunta repetida machaconamente mil veces.
El presidente apenas necesitó unos segundos para llevar el asunto hacia una nueva e inesperada -o quizás no tanto- dimensión. Jordan era amigo suyo, jugaban juntos al golf y le parecía “un buen tipo”. Sobre James tenía otra opinión. “Quizá sea racista”, aventuró, antes de encontrar una explicación alternativa: tal vez, simplemente, LeBron no soporta a Trump.
No apareció por ninguna parte el baloncesto. Ni los seis campeonatos de Jordan, ni la longevidad de James, ni los cambios que ha sufrido la NBA durante las dos épocas. Trump terminó aclarando su criterio con un argumento digno de parvulario. “Solo me gusta la gente a la que le gusto”. Con un par. Jordan ganaba la comparación porque era amigo y compañero de golf del presidente; LeBron la perdía por haber pasado buena parte de la última década criticándolo. La acusación de racismo, lanzada sin ofrecer una sola prueba, servía únicamente como peaje antes de llegar a la cuestión que de verdad parecía importarle. James no estaba de su lado.




